Archive for Cómo llegué a ser registrador de museo

Cómo me convertí en registrador IV

Preparador, gestor de colecciones, registrador, profesor- Nunca dejes de aprender

Derek Swallow

Mi atracción por el sector histórico-cultural comenzó a mediados de los 70 cuando trabajé como guía en el Fuerte Edmonton Park, en un puesto reconstruido de comercio de pieles y como oficial de información voluntario para la Sociedad Histórica Strathcona en Edmonton (Alberta, Canadá). Este estimulo me llevó a estudiar Antropología e Historia, consiguiendo la Licenciatura en estas materias. Después de mi título, llegué a conocer la Museología y a través del auto aprendizaje descubrí el trabajo de registro/gestión de colecciones.

springcleaningDesde entonces, y durante casi tres décadas, el registro, la documentación de colecciones y los préstamos de colecciones culturales han sido mi objetivo profesional central. Mi experiencia en esta área comenzó en 1982, cuando acepté un puesto voluntario a largo plazo como Asistente de Registro en la Galería de Arte de Greater Victoria (Art Gallery of Greater Victoria- AGGV). En 1984 mi asociación con el Museo Real BC en Victoria (Colombia Británica, Canadá) comenzó con el voluntariado en Etnología, catalogando las colecciones de las Primeras Naciones. Esto me inspiró a estudiar el arte de las Primeras Naciones y a hacer, posteriormente, una Licenciatura y un Máster en Historia del Arte. En 1990, comencé una Beca de Gestión de Colecciones de un año (que incluía varios cursos de gestión de recursos culturales de la Universidad de Victoria). En 1991, ingresé en los Archivos BC como Preparador/ Gestor de Colecciones. Para aumentar mi experiencia, también me ofrecí como voluntario durante casi un año en el Museo Marítimo de Sidney (Colombia Británica– justo a las afueras de Victoria), siendo la Historia Natural el punto fuerte de su colección. Trabajé en el área de registro y gestión de colecciones. Con la unión del Museo Real BC y los Archivos BC en 2003 muchas vías de aprendizaje fascinantes se abrieron ante mí. La más gratificante fue el acuerdo según el cual nuestro Jefe de Registro se ofreció para guiarme plenamente en la profesión de registrador. En los últimos diez años, mi papel oficial ha pasado de ser gestor de colecciones/ especialista en preservación a registrador a tiempo completo.

Desde el principio de mi carrera, he entendido el significado y la importancia del registrador como el eje que mantiene el control coherente sobre el seguimiento de la localización de las colecciones, la manipulación adecuada, el almacenamiento y la conservación, así como el control fundamental sobre registros en papel y electrónicos que acarrean los importantes datos acerca de estas colecciones. Es más, el registrador entiende y lleva a cabo los procesos y las garantías necesarias para prestar piezas en tiempo y de manera segura, y cuidar de aquellas que se traen para exposiciones, investigaciones, etc.

Derek detrás de las escenas:

Estoy casado y tengo tres hijos: un hijo, una hija, y un perro lanudo y grande que piensa que es uno de mis retoños. Me gusta leer ficción bien escrita, artículos, la vela ligera y llevar a mi perro a dar largos paseos por senderos locales o por la playa. Además soy devoto de lo que mi esposa se ​​refiere como mi segundo trabajo no remunerado a tiempo completo: coordino, creo planes de lecciones, y enseño, como voluntario, en un programa ESL dirigido a adultos, de participación gratuita, que se centra en el desarrollo de habilidades verbales en inglés (tengo una Certificación TESL y soy profesor certificado por la Escuela de la Colombia Británica).

Tengo la gran suerte de vivir en Victoria (Colombia Británica, Canadá), una de las ciudades más bellas de nuestro país y con uno de los climas más templados. Aunque los trópicos nos dicen de manera severa y con una ligera exageración que tenemos solamente dos estaciones: la estación húmeda (el invierno) y la seca (el verano). La ciudad está situada en la Isla de Vancouver, en la Costa Oeste de Canadá.

Crecí en Alberta, una provincia al este de la Colombia Británica. Mi ciudad natal es la capital de provincia: Edmonton. En primavera nos esforzamos máximamente atravesando los montones de nieve medio derretida, con demasiado calor en nuestros abrigos de invierno y demasiado frío en nuestras chaquetas ligeras. El alivio llega con nuestro verano relativamente caliente y seco, marcado dramáticamente con feroces tormentas. La desventaja: las áreas de agua estancada generan criaderos de mosquitos. Las hermosas noches cálidas se ven perturbadas por nubes de estos insectos sedientos de sangre que lleva a todos adentro. El otoño es hermoso. Los mosquitos se han ido y los árboles resplandecen en rojos, naranjas y amarillos- entonces llega el invierno. De noviembre a mayo a menudo tenemos nieve. La temperatura fluctúa, pero con frecuencia sufrimos frío y vientos salvajes, a veces con temperaturas que descienden hasta -40ºC o menos, lo que puede congelar los dedos o partes de la cara expuestos en menos de un minuto.

Ahora sabes por qué huí a Victoria, donde las temperaturas medias en invierno oscilan entre +6ºC y los +9ºC. Esto es el paraíso, pero un paraíso húmedo. Tenemos veranos agradables, pero inviernos lluviosos.
Estoy muy contento de formar parte de ‘Registrar Trek: The Next Generation’. El blog es una gran idea. No sólo da vía libre a la oportunidad de comunicarse a nivel mundial con otros registradores, sino que actúa como difusor de información sobre nuestra profesión y, potencialmente, podría proporcionar instrucción a pequeños museos y a nuevos registradores de todo el mundo.

Saludos,

Derek Swallow
Registrador en el Museo Real BC

Traducción al español desde el inglés: Laura García Oliva

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Cómo llegué a ser registrador de museo III

Noticia de última hora; periodista descubre que es una registradora

Tracey Berg-Fulton

GUAlumniProfileKRecuerdo con total claridad el día en que me decidí a trabajar en un museo. Estaba sentada en un banco en el Ulster Museum en Belsfast, Irlanda del Norte, y acababa de finalizar unas entrevistas para un reportaje de prensa que estaba escribiendo. Como de costumbre, era un día gris y lluvioso, y me refugié en el museo.

Allí sentada, pensaba acerca de lo que yo había hecho –periodismo- y me preguntaba a mí misma si realmente podía mantenerme en eso durante treinta años.

La respuesta fue clara, contundente, y me arrugaba el corazón: no.  Habiendo yo incurrido en una deuda de miles de dólares para mi educación, y llegada a este punto, ¿qué demonios iba a hacer ahora?

Y entonces miré a mi alrededor.

Esto, esto es lo que quiero hacer. Yo siempre había amado la historia, el arte, las bibliotecas y los museos, así que ¿por qué no hacer de mi vida esto, oficialmente?

Yo había presentado mi inscripción en el programa de postgrado en historia del arte de la Universidad de Glasgow, más bien como un antojo, pensando que sería rechazada de plano por mi carencia de títulos universitarios británicos, pues mis licenciaturas en fotografía y periodismo solo estaban tangencialmente relacionadas con eso. Quedé muy sorprendida al ser aceptada para comenzar en otoño de 2007.

En Glasgow, me metí de cabeza en la investigación y la escritura, y aproveché la oportunidad para hacer prácticas profesionales con un conservador de vitrales en los Museos de Glasgow. Nuestro trabajo se enfocaba en el inventario de vitrales, y durante ese proceso aprendí acerca de los diversos roles ejercidos en un museo. No podía estar el tiempo suficiente con los objetos ni pasar mucho tiempo en las bóvedas, aunque descubrí luego que la persona que tiene más contacto con la mayoría de los materiales era, desde luego, el registrador.

Mi carrera estaba hecha. Famosas palabras finales, ¿no?

Me gradué en Diciembre de 2008, y regresé a mi ciudad natal en Pittsburgh, Pennsylvania, Estados Unidos. Había escuchado sobre la recesión en los EEUU, pero mientras me encontraba en Escocia no había entendido completamente su impacto. Me presenté a solicitar empleo en todos los museos que pude, y luego en negocios relacionados; posteriormente en cualquier trabajo en general. Y nada.

Finalmente, un contacto me presentó a otro, quien me ayudó a apuntarme en el rol de voluntaria en el Carnegie Museums of Pittsburgh. Habiendo yo tenido empleo desde los 14 años, me sentía aliviada de estar trabajando, incluso sin paga. También comencé como voluntaria en un pequeño museo comunitario, creando el inventario de sus colecciones.

Luego, en abril de 2009, tuve un accidente mientras corría, dejándome la cadera rota y temporalmente incapacitada para caminar, sentarme, conducir, trabajar o hacer cualquier cosa, salvo estar en cama. Perdí seis meses de mi vida en mi recuperación.

Luego de recuperarme, regresé a mi voluntariado en el Carnegie, y fui cambiada de cargo luego de una exitosa solicitud de mi parte, a un puesto de medio tiempo como fotógrafo de la colección. No era exactamente un trabajo de registrador, pero aun así interactuaba con muchos objetos. Disfruté mi trabajo, pero mantuve mis esperanzas hacia la apertura de un cargo de registrador, mientras presentaba solicitudes en todo el país para otras oportunidades que se abrieran.

375_513434167185_2390_nUna de esas solicitudes tuvo éxito –y partí para asumir el puesto de registrador asistente en Oklahoma en 2010. Fue una maravillosa experiencia de aprendizaje, pero la situación económica exigía que yo trabajara en Oklahoma mientras que mi esposo permanecía en Pennsylvania. Luego vino una serie de problemas de salud en mi familia, y una imperiosa necesidad de regresar. Dejé mi cargo, quedándome sin empleo, para regresar a casa.

Regresar a Pittsburgh me reconfortó, pues estaba en casa con mi familia, pero la situación de desempleo era terrible. Volví al trabajo de vendedor minorista de artículos de montañismo, con un distribuidor al aire libre mientras yo resolvía a dónde iba a ir después.

Un día me pregunté por qué no trabajar como registradora por contrato. Si no hay empleo, ¿por qué no crearme uno? Descubrí que uno de los beneficios de vivir en una ciudad mediana era que no había mucha gente haciendo trabajos por contrato (¡tal vez ya habían sido todos ocupados!).

Busqué un asesor del Comité de Registradores de la Alianza Americana de Museos, y comencé a difundir entre todos que yo estaba trabajando como independiente. Entonces, introduje mis documentos para constituirme como representante de ventas en una empresa o sociedad de responsabilidad limitada (SRL). Obtuve una respuesta sorprendentemente intensa por parte de la comunidad de Pittsburgh; yo ya estaba sobre la marcha.

Los contratos me vinieron realmente bien –yo quería ser registradora, pero en realidad mi título era más bien el de Contratista para labores técnicas en general (o “arregladora”). Me encantaba resolver problemas peculiares de mis clientes; de todo, desde pensar en cómo enviar una fotografía de un lado a otro del país durante la noche hasta reemplazar la manilla del excusado (consejo: gire la tuerca plástica en el sentido opuesto al de todas las otras tuercas que usted haya apretado antes). Fue una perfecta mezcla de arte, historia, carpintería, herramientas eléctricas, y diplomacia. Me hice mi propio horario y tuve que escoger mis proyectos, lo cual fue una bendición, especialmente cuando a un miembro de familia le fue diagnosticado cáncer.

Pero me faltaba algo. Si bien mi perro era un excelente escucha, él no tenía mucho de conversador, y yo desesperadamente echaba de menos tener colegas. Extrañaba tener una colección que conociera hasta en sus más pequeños detalles. Extrañaba una sede que yo conociera como a un viejo amigo. Extrañaba un horario más o menos regular… Lo que nadie te dice acerca del “trabajo flexible” y de trabajar desde casa es que en realidad trabajas 24 horas al día, respondiendo e-mails, facturando, calculando impuestos, trabajándole a clientes actuales, manteniéndonos actualizados en el mejor modo de hacer las cosas, estar en contacto con la gente, etc.

Y así hasta el día de hoy. Ya tengo un mes en mi empleo de tiempo completo como registradora y miembro del equipo del August Wilson Center for African American Culture. Somos una institución joven, y es estimulante estar en capacidad de establecer políticas, resolver desafíos, y abrir nuevos caminos cuando sea necesario. Estoy feliz de trabajar en una organización que cumple una importante función cultural en nuestra ciudad, y mi trabajo es increíblemente gratificante.

Ha sido un largo y tortuoso camino para llegar a este punto, pero he visto cosas asombrosas a lo largo de él. He tenido el placer de conocer y aprender de muchos de mis colegas en conferencias, junto a una taza de café, y a través de la lista de correos del Comité de Registradores de la Alianza Americana de Museos (CR-AAM). También tengo el placer de servir como Presidenta del Comité del sitio web del CR-AAM.

Cada día aprendo y hago algo bueno. Cada día veo los más asombrosos e íntimos objetos de la civilización –desde vestidos de bautizo hasta almohadillas de portero de hockey. Me satisface mi amor por esas cosas brillantes. Y tengo que rascarme la comezón tecnológica (y aun espero por un diseño de sitio web adaptable a diferentes formatos móviles a partir de una base de datos amigable (¡oigan, desarrolladores!). ¿Qué podría ser mejor?

Mirando al futuro, espero continuar creciendo en mi profesión, y espero estar más involucrada en el amplio mundo de los museos, y participar activamente en traer a los museos a una experiencia de visitación propia del siglo 21.

Texto: Tracey Berg-Fulton 

Traducido del inglés al español: Fernando Almarza Rísquez

 

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Cómo llegué a ser registrador de museo II

Vagabundeando en los diversos ámbitos del Museo

Angela Kipp

picture by Bernd Kiessling

Vista de mi más reciente lugar de trabajo.
HDR photo by Bernd Kießling

Aunque más bien sería: ¿Cómo me di cuenta de que era una registradora…? Pero, comencemos desde el principio.

Siempre me han gustado los objetos viejos, y escalé castillos y visité museos desde que tengo memoria. Así que de alguna manera era lógico que eligiera museología al finalizar la escuela. Por cierto, mi agente de la oficina central de empleos consideró que eso era una idea muy tonta. De todas maneras, decidí estudiar en Berlín, en la Universidad de Ciencias Aplicadas (FHTW en alemán). Esto implicó que yo tuviera que hacer 6 meses de internado en algún museo o archivo para poder completar los requisitos de ingreso. Hice esto en el Museo de la Tecnología y del Trabajo (LTA en alemán), en Manheim. Esta fue la primera vez que entré en contacto con el trabajo de las colecciones de los museos, pues una de mis tareas fue documentar alrededor de 500 latas de café, que iban desde envases muy pequeños como de medicamentos, hasta grandes contenedores.

La ventaja de esto era que no solo fui aceptada como estudiante de museología en Berlín, en el otoño de 1998, sino que también para el primer receso del semestre ya tenía un empleo en el museo. El LTA mostraba una exposición sobre “El café, cómo hacerlo y cómo degustarlo”. Me convertí en una combinación de bartender explicando cómo tostar el café en la máquina tostadora, y luego de vendedora de tazas de café a los visitantes. Cuando no había nada que hacer, documentaba las máquinas y los molinos de café, y podía dar conferencias de cinco minutos acerca del principio de la “cafetera de recirculación” y sobre por qué es una idea tonta colar café con ella.

En el siguiente receso del semestre, hice un internado en el Museo de la Comunicación (anteriormente el museo postal) en Berlín. Estaban preparando su próxima exposición permanente, y así, “infortunadamente”, tuve que cortar mis estudios por un semestre porque los del museo me nombraron asistente del proyecto. Fue una etapa emocionante y aprendí muchas, muchas cosas acerca de exposiciones, investigación, redacción de textos, cuestiones sobre derechos de autor, manipulación de objetos y resolución de problemas. Regresé a mis estudios en mayo de 2000, aunque luego de este proyecto ni una vez he dejado de trabajar para un museo o institución similar. Trabajé como profesional independiente durante mis estudios, como trabajo secundario. Fueron diferentes trabajos, pero la mayoría de ellos estuvo vinculada con exposiciones especiales. De este modo, aprendí mucho sobre ENIGMA, la máquina de codificación, sobre milicia prusiana, ladrillos de arcilla, desarrollo agrícola en el estado de Brandenburgo, parámetros de historia de la iglesia, el cerebro humano y la fabricación de tornillos.

Finalicé mis estudios en la primavera de 2000, y permanecí trabajando como profesional independiente para museos, principalmente para el Deutsche Museum en Munich y para el Museo de la Catedral de Brandenburg/Havel, pero continuaba en la búsqueda de un contrato o un trabajo estable en algún museo. Un día que estaba buscando avisos de empleo en intertnet, surgió un nombre muy conocido para mí: el Landesmuseum für Technik und Arbeit estaba buscando un curador para su exposición permanente sobre materiales sintéticos y sus colecciones de objetos de química. Sintiendo que no tenía nada que perder, envié mi solicitud, sabiendo que mis posibilidades eran pocas, ya que ellos buscaban un especialista en química. Fue grande mi sorpresa al ellos invitarme a una entrevista de trabajo, y en febrero de 2003 yo estaba de vuelta en mi “viejo” museo, lo que me hacía sentir como de regreso en casa.

Developing Banana Key Rings (from left to right): Polypropylene let the key ring break too easy, blue was the wrong color, polyethylene with yellow color was just perfect.

Preparación de las bananas-llavero. (De izquierda a derecha): el de Polipropileno se rompía demasiado fácil, la azul era de color equivocado, la de polietileno amarillo quedó perfecta.

La exposición permanente sobre materiales sintéticos incluía algunas máquinas de moldeo por inyección que aún funcionaban. Así que cuando el museo mostró una exposición especial sobre bananas, nos las arreglamos para encontrar un fabricante local de formas de moldeo, quien nos diseñó, manufacturó y donó un molde para hacer llaveros en forma de banana. Fue muy divertido para los técnicos de demostración y para mí encontrar el material y el color sintéticos correctos para obtener una banana perfecta. Hicimos bananas blancas, rosadas y azules e incluso una que quedó como una banana podrida, ya que la temperatura estaba muy alta y la quemó un poco. Al rato, fuimos capaces de producir llaveros en forma de bananas perfectas de polietileno amarillo. A los visitantes les gustaron mucho. (Disculpen esta nota al margen, pero como este no es un relato de registradores, no tendré posibilidad de contarla en otra parte).

As a side note: The little blue banana is travelling the world as a geocaching travelbug and is currently in Sweden...

Nota al margen: La pequeña banana azul está viajando por el mundo como viajera errante por error (geocaching), y actualmente está en Suecia…

Ser curador de materiales sintéticos significó no solo trabajo curatorial, sino también un poco de trabajo como registradora. Había una gran colección de cintas magnéticas originales, de principios de 1934 hasta la actualidad, que requerían ser revisadas y documentadas. La mayor dificultad estribó en investigar sobre cómo archivarlas y preservar la información en ellas, problema que aun no se ha resuelto a plena satisfacción.

Como pueden imaginar, el tiempo pasa rápidamente, y el contrato era solo por dos años. En mi segundo año allí, el Landesmuseum anunció el cargo de “Depotverwalter” (Administrador de almacenes externos). Otra vez sin tener nada que perder, solicité el cargo y fui seleccionada. Esto marcó el punto donde me cambié completamente del área de exposiciones a la del trabajo con las colecciones.

Fue mucho más tarde, en 2006, luego de haber coordinado el cierre de uno de nuestros almacenes y la reubicación de las colecciones en los dos actuales recintos, que traté de explicar a una colega estadounidense en qué consistía mi trabajo. Investigué en internet y hurgué en dos descripciones de ese trabajo: una, sobre el gerente de las colecciones, y otra sobre el registrador. Decididamente, como mi ocupación tenía más que ver con los asuntos prácticos como el movimiento físico de la colección, escogí el de gerente de las colecciones. Más tarde me di cuenta de que el uso del término difiere de institución a institución, y yo también hago mucho del trabajo de base de datos, tanto como del de préstamos, de modo que también soy una registradora.

¡Esto es todo, amigos! Así es como me convertí –o me di cuenta de que era- una registradora.

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Cómo llegué a ser registrador de museo I

El artista que se convirtió en registrador – y ahora es profesor

Fernando Almarza Rísquez

Fernando today, in front of the ILAM in Costa Rica.

Fernando hoy, frente a la sede del ILAM en San José, Costa Rica.

Estudié artes plásticas durante 4 años, y desarrollé alguna actividad como artista en tres exposiciones colectivas. Posteriormente estudié diseño gráfico durante dos años, habiendo trabajado poco tiempo como asistente de un diseñador. Tenía entonces 26 años, y contaba con cierto conocimiento de la historia del arte, y sensibilidad estética.

En 1986 comencé a estudiar Historia del Arte en la universidad, y vi publicado un aviso en el que solicitaban un asistente para la oficina de registro en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (MACC), Venezuela. Exigían estudios de historia del arte, conocimientos sobre manipulación de obras de arte, conservación, inglés, capacidad organizativa, responsabilidad, etc. Presenté mi CV, me hicieron la entrevista de rigor, que incluía la traducción de un reportaje de prensa que hicieron al museo sobre una grandiosa exposición del escultor inglés Henry Moore unos meses antes.

Esto fue en abril de 1986. Estaba ilusionado aunque preocupado, pues había otro candidato que estudió Artes en Inglaterra y tenía un excelente inglés. Pero el día 28 me llamaron para darme la buena noticia de que yo había sido seleccionado para el cargo. Muy feliz, comencé el 2 de mayo.

Yo tenía una cierta “ventaja”, pues conocía bastante bien los museos más grandes de Caracas, y a buena parte de sus colecciones permanentes, incluyendo la del propio Museo de Arte Contemporáneo. La traducción que hice del inglés estuvo muy bien, pues me concentré en traducir al español ideas y conceptos, más que a traducir literalmente las palabras. El caso es que comencé mi carrera, y hasta la fecha (diciembre de 2012) lleva acumulados 26 años continuos de experiencia, siempre con intensos estudios. El sentido común me ha llevado a investigar cómo se registran objetos diferentes a los artísticos, sean culturales, naturalculturales o tecnológicos.

Estuve en el MACC hasta 1993, a partir de lo cual me dediqué a prestar asesoría a otros museos de Caracas y de Venezuela, donde desarrollé una estructura de registro y catalogación computarizada actual y profunda. En 2006 comencé a escribir artículos en prensa y en revistas museológicas especializadas sobre esa experiencia, y sobre los catálogos virtuales que desarrollan algunos museos del mundo occidental. Desde 2007 comencé como profesor en el Instituto Latinoamericano de Museos ILAM, de Costa Rica, impartiendo cursos on-line y presenciales sobre ese mismo tema, más otros temas complementarios.

Siempre me he ocupado de reflexionar sobre nuestra profesión, y estoy vinculado activamente con instituciones y profesionales de muchos países.

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